

$26,000.00
Agotado
México, Imprenta Real y del Nuevo Rezado de Doña María de Rivera, 1744
32º. (10,5 x 8 cm). [78] h., 378 p. Pergamino de época con rastros de dos pequeños broches; título manuscrito en lomo. Página de título con pequeña rotura en margen interior; muy ocasionales puntos de óxido, pero generalmente interiores muy limpios; algunas viñetas ornamentales en textos.
La estampa de este libro a manera de frontispicio es una entalladura que precede a la amplia dedicatoria al arcángel Miguel , a quien el propio Montufar identificaba con el ángel que se encontraba a los pies de la Guadalupana. Esta entalladura muestra un claro desgaste de sus trazos, lo que nos lleva a pensar que el taco de madera a partir del cual se obtuvo, fue sometido a numerosos tirajes, posiblemente para diversos títulos de la misma imprenta. Esta reutilización de las matrices hasta su total agotamiento fue frecuente no sólo en el Virreinato, sino también en la Península y en Europa
Sobre la impresora: María Candelaria de Rivera
Las mujeres tuvieron un rol crucial en el desarrollo de la imprenta en Nueva España
En algunos casos el papel de estas tipógrafas fue mucho más destacado que el de sus esposos, a pesar de que en sus pies de imprenta usaban habitualmente la fórmula “Imprenta de la Viuda de…”, como sucede con Paula Benavides, esposa de Bernardo Calderón, que dirigió el taller tipográfco familiar durante más de cuatro décadas. Con este matrimonio se inicia una de las dinastías de impresores más importantes de Nueva España que se mantendrá activa durante prácticamente dos siglos, hasta el final del Virreinato. A esta saga pertenecen María Francisca y María Candelaria de Rivera. Calderón y Benavides, hijas de Miguel de Rivera y Gertrudis de Escobar y Vera , y bisnietas de Bernardo Calderón y Paula Benavides. A la muerte de Miguel de Rivera el taller estuvo dirigido por su viuda, Gertrudis de Escobar y Vera, entre 1703 y 1714, que usó en sus pies de imprenta la fórmula “Imprenta de la Viuda de Miguel de Rivera”. A su muerte el taller pasó a estar regido por la mayor de las Marías, María Francisca, hasta su fallecimiento en 1722, junto a su hijo Jacinto de la Guerra, empleando el pie de imprenta de “Herederos de la Viuda de Miguel de Rivera”. El taller familiar se encontraba, como la mayoría de las imprentas capitalinas, muy próximo a la catedral metropolitana y a la plaza mayor, concretamente en la calle del Empedradillo. Esto se debe a que en esta zona se reunían sus principales clientes, como eran las jerarquías eclesiásticas y civiles, y los más importantes monasterios de la ciudad.
Al fallecer María Francisca, el taller pasó a estar regido por su hermana menor, María Candelaria, en asociación con su sobrino Jacinto de la Guerra, empleando el mismo pie de imprenta. Este hecho marca el primer período de la producción de María Candelaria que perdurará hasta la muerte de su sobrino en 1732. En esta fase tuvieron que hacer frente a un conflicto en torno al privilegio de las Cartillas, que fue reclamado por el impresor peninsular José Bernardo de Hogal que había llegado al Virreinato en 1721. Finalmente, la disputa se resolvió favorablemente para los intereses de la impresora que conservó el privilegio que había ostentado su familia desde Paula Benavides. Sin embargo, esta pugna supuso una ruptura del monopolio que había ejercido la imprenta de los Rivera, que a partir de este momento encontrará un férreo competidor en Hogal y posteriormente en su viuda, Rosa María Teresa de Poveda.
Tras la muerte de su sobrino, María Candelaria dirigirá la tipografa familiar más de veinte años hasta su fallecimiento, en 1754. A diferencia de otras mujeres impresoras como Paula Benavides o su madre, ella fue doncella como se indica en el testamento de su madre de 1714 y en un poder que otorgó poco antes de fallecer, en septiembre de 1754 . Por este motivo en las obras salidas de su imprenta no emplea la fórmula de “Viuda de…”, sino que habitualmente usó el pie: “En la Imprenta del Superior Gobierno de María de Rivera”, dado que tenía el privilegio de las Cartillas. A éste sumó el privilegio para imprimir los libros del Nuevo Rezado en 1735, que le permitió incluir el pie: “Imprenta del Nuevo Rezado”, como vemos en la portada del libro Missas propias de Dominicas y Santos, que observan las religiosas en este Convento de N.Señora de las Nieves…, impreso en 1746. Este privilegio nuevamente lo obtuvo en detrimento de José Bernardo de Hogal, que lo había ostentado por ser el Impresor del Real y Apostólico Tribunal de la Santa Cruzada. En los largos años que dirigió en solitario el taller familiar, imprimió más de doscientas obras, siendo una de las impresoras más prolíficas de toda la Colonia, sólo superada por su bisabuela.
Entre ellas, destaca el presente libro, dedicado a la Guadalupe.
En este contexto tuvo lugar la campaña para lograr que el papado reconociese a la Virgen de Guadalupe como patrona del Virreinato, suceso que tuvo lugar en 1754.