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“…a todas las personas alistadas en la Cofrafía del Santísimo Sacramento y Soledad de Nuestra Señora, fundada con autoridad apostólica en la Parroquia de Santa Cruz de México”
Muestran la red social y territorial de las cofradías: a través de la lista de síndicos y sotasíndicos vemos cómo una cofradía capitalina extendía su influencia a decenas de poblaciones (Toluca, Zacatecas, Irapuato, etc.).
Son testimonio de la economía paralela de las cofradías, que acumulaban bienes y recursos mediante cuotas, limosnas y donaciones. En el México independiente, incluso llegaron a competir con el Estado como administradores de capital social y económico.
Reflejan la continuidad de las prácticas devocionales virreinales dentro del México republicano: aunque el país había roto con España, las cofradías mantenían formas medievales de piedad y organización.
A diferencia de libros o folletos doctrinales, los impresos de cofradías eran documentos de uso personal, generalmente desechados tras la muerte del cofrade. Los que sobreviven suelen hacerlo porque se guardaron en archivos familiares, empastados en volúmenes de papeles notariales, o porque coleccionistas devocionales los rescataron.
Más que “un simple folleto religioso”, es un testimonio único de la religiosidad popular en el México independiente, así como una fuente primaria sobre redes parroquiales y económicas de las cofradías y un ejemplo raro de xilografía devocional mexicana del siglo XIX.