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Primera edición yucateca

Diego de Landa
Agotado
Mérida, Yucatán, E.G. Triay e Hijos, Imps, 1938.
8º. 227 p, frontispicio (retrato de autor) dos mapas desplegables. Encuadernación holandesa; nervios realzados y hierros en seco en lomo, un poco desgastados. Interiores en muy buenas condiciones, intonso. Algunas ilustraciones a lo largo del texto.
Es esta la primera edición yucateca de esta obra (primera edición 1864). Precede al texto una nota sobre la vida y obra de Fray Diego de Landa. Conforman el apéndice una selección de las Relaciones de los encomenderos de Yucatán.
La obra es una valiosa fuente de información sobre la cultura maya. Contribuyó al desciframiento de la escritura maya. En ella describe esta civilización, y cuenta la llegada de los exploradores españoles a los territorios yucatecos y la conquista. Describió con precisión la geografía, la historia, la fauna y la flora de Yucatán, así como las costumbres y comportamientos de los mayas. Su obra se perdió al poco de ser escrita. En 1862, una versión de alrededor de 1660 fue encontrada por el abate francés Charles Etienne Brasseur de Bourbourg en la Real Academia de la Historia de Madrid. Brasseur tradujo la obra al francés. En 1864 se publicó por primera vez en París una edición bilingüe español-francés, titulada Relation des choses de Yucatán de Diego de Landa.
A diferencia de la Historia escrita por Sahagún, la Relación de Landa fue escrita casi sin el apoyo de los informantes indígenas. Mientras que Sahagún fue muy cuidadoso en separar los informes de los nativos de sus propias opiniones acerca de la cultura náhuatl; Landa mezcla unos con otras. La Relación consta de cincuenta y dos capítulos en los cuales el obispo de Yucatán versa de los temas más variados, desde una descripción geográfica de la península hasta una exposición de por qué los indios realizaban sacrificios humanos.
Diego de Landa Calderón, fue un misionero español de la Orden Franciscana en la provincia de Yucatán y segundo obispo de la Archidiócesis de Yucatán entre 1572 y 1579. Se le reconoce por ser el responsable de un proceso inquisitorial sin precedentes en las Américas, con un uso preponderante de la tortura para extraer confesiones de paganismo y herejía. En el transcurso de este proceso fue recolectada y quemada bajo su orden la práctica totalidad de los una vez numerosos códices mayas, de los cuales hoy solo se preservan cuatro.