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“…en su Portentosa Imagen del Mexicano Guadalupe, Milagrosamente Apparecida en el Palacio Arzobispal en el Año 1531. Y Jurada su Principal Patrona el Passado de 1737. En la Angustia que Ocasionó la Pestilencia, que Cebada con Mayor Rigor en los Indios, Mitigó sus Ardores al Abrigo de Tanta Sombra
Agotado
México: Viuda de D. Joseph Bernardo de Hogal, 1746.
4º. [18] h. + 522 p. + [12] h. (índice). Pergamino de época; título manuscrito en lomo, ya deslucido; rastros de broches, ya no presentes; bisagra trasera con rotura en parte superior, pero encuadernación firme. Página de título a dos tintas; el hermoso grabado que ilustra el frontispicio, hecho en 1743 por Baltasar Troncoso sobre una composición del pintor José de Ibarra, con los regidores de México, Roma del Nuevo Mundo, postrados ante un escudo con la imagen de la virgen que desciende de las nubes llevado por los ángeles; en h.3 Escudo heráldico compuesto, timbrado con corona nobiliaria y rodeado por collar de orden caballeresca; reúne armas de tradición castellana y peninsular, propio de un alto dignatario civil o eclesiástico, usado como escudo de dedicación en el impreso.
Obra histórica y devocional que narra la epidemia de matlazáhuatl en la Nueva España y las respuestas espirituales, médicas e institucionales desplegadas para su erradicación; documenta el proceso cultural e ideológico que condujo a proclamar a la Virgen de Guadalupe como escudo protector y perpetuo, e incluye capítulos de gran interés para la historia de la medicina, sobre médicos, hospitales y prácticas terapéuticas de la época.
La epidemia de matlazáhuatl que entre 1736 y 1739 golpeó con fuerza el centro y el norte del virreinato de Nueva España, registrándose tan sólo en la ciudad de México y sus alrededores más de 40 mil muertes. Luego de varios meses de experimentar la impotencia de la ciencia médica y de repetidas rogativas en busca del favor divino, el 27 de mayo de 1737 la ciudad de México juró a la virgen de Guadalupe como su patrona en contra de la epidemia, gracias a la iniciativa conjunta de los cabildos eclesiástico y civil de la ciudad, y con el apoyo del arzobispo virrey Juan Antonio de Vizarrón. Unas semanas después la epidemia comenzó a remitir, lo que fue interpretado como resultado de la intercesión celestial de la virgen e impulsó a varias ciudades del interior del reino a seguir el ejemplo de México, a lo largo de 1737 y 1738, y aun durante el año siguiente debido a la extensión de la enfermedad hacia las poblaciones del norte de Nueva España. La ola de fervor guadalupano así desatado llevó al grupo de intelectuales y devotos que habían promovido el patronato en la capital a ir más lejos y proponer a la virgen del Tepeyac como patrona general del reino. Su llamado logró eco y, gradualmente, conforme se hacían las juras locales, comenzaron a enviarse a México los poderes por escrito para la jura general, que terminaría llevándose a cabo a finales de 1746.
La obra se divide en cuatro libros:
El libro primero consta de quince capítulos y, contiene la historia del principio de la epidemia y de los primeros intentos de los médicos por comprender sus causas y el porqué de la fuerza con que golpeó a la población indígena, así como para encontrarle remedio; también, justifica la necesidad de recurrir al patrocinio celestial en busca de alivio a las enfermedades, y refiere al intento la tradición de las apariciones de la virgen de Guadalupe.
El segundo libro numera trece capítulos, y trata de la búsqueda de alivio celestial a la epidemia, a través de rogativas públicas y salidas procesionales de las imágenes sagradas de Cristo, la virgen y los santos que se atesoraban en los diferentes templos y conventos de la ciudad, propiedad de sus parroquias, cofradías y comunidades religiosas de varones y mujeres, así como del primer y fracasado intento de solicitar el auxilio de la virgen del Tepeyac.
El libro tercero, el más extenso de todos, cuenta con veintiún capítulos. Narra los catastróficos efectos de la epidemia sobre la población, así como el trabajo de los médicos y religiosos para aliviar el sufrimiento en los diferentes hospitales creados para afrontar la situación. Allí mismo se introduce la historia de la iniciativa del ayuntamiento para jurar a la virgen de Guadalupe como patrona y protectora contra la enfermedad, así como de su aprobación por el arzobispo virrey Vizarrón y el cabildo eclesiástico.
Finalmente, el libro cuarto tiene quince capítulos; principia narrando los esfuerzos caritativos realizados por las órdenes hospitalarias y por otros asilos durante la plaga, se extiende reseñando la celebridad pública del patronato en abril de 1737, intenta un recuento del número de víctimas mortales causadas por la epidemia, y concluye con la jura general del patronato el 4 de diciembre de 1746.
A poco de aparecer, el libro fue denunciado ante las autoridades civiles del virreinato por considerar diferentes individuos, como el catedrático de vísperas de teología en la Universidad de México, Manuel Antonio de Luyando y Bermeo, que contenía pasajes injuriosos a sus personas. El virrey Juan Francisco de Güemes y Horcasitas ordenó la recolección del libro, lográndose recuperar cuatrocientos treinta y siete ejemplares del tiraje total de ochocientos que salió de la imprenta.
Palau: 38956; Sabin 9817; Medina, México 3752